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lunes, 10 de diciembre de 2018

El vuelo del cóndor





``¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? Y dijo Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY”.



  


   Se levantó muy despacio y fue al baño de la cabaña que había alquilado. Se miró al espejo y dijo: “yo soy el que soy”.
   Abrió la puerta y salió al aire fresco de la montaña.
  Llegó al borde del angosto cañón donde moraban los cóndores. Allí estaban, al sol de la mañana, pasajeros de los vientos. Los siguió con la mirada.
   —¡Yo soy el que soy! —les gritó. Extendió los brazos sonriendo y se lanzó tras la ilusión (o convicción) del vuelo.
   ¡Yo soy el que soy! ¡Yo soy el que soy! ¡Yo soy el que soy!
   El eco de su voz siguió golpeando las paredes.
   ¡Yo soy el que soy! ¡Yo soy el que soy! ¡Yo soy el que soy!
   Cada letra de la frase repetida se fue transformando en un microscópico granito de polvo que ascendió hasta acariciar por un instante las alas de los cóndores. Luego, suavemente, fue a depositarse en el fondo silencioso del barranco. 








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